
El polen es el polvo fecundante producido por las flores, que las abejas recolectan y transportan a la colmena aglutinado en pequeñas bolitas sobre sus patas traseras. Al libar, las abejas aseguran gran parte de la polinización de las plantas con flores, un papel esencial que va mucho más allá de la producción de miel.
Para alimentar a sus larvas, las abejas necesitan proteínas, que el néctar no les aporta. Ahí es donde entra el polen: mezclado con un poco de miel, se convierte en el «pan de las abejas», indispensable para la cría de la puesta.
La recolección
Los apicultores recolectan parte del polen gracias a una trampa de polen colocada en la entrada de la colmena: una rejilla que las pecoreadoras deben atravesar, lo que desprende parte de las bolitas adheridas a sus patas, recogidas en un cajón. La trampa está calculada para retirar solo entre un 5 y un 10 % de la cosecha, de modo que no se prive a la colonia de sus reservas. Así se recolectan en promedio unos 3 kg de polen al año por colmena.
El polen fresco contiene alrededor de un 15 % de agua: debe secarse rápidamente (hasta un 4-5 % de humedad) o congelarse, para evitar que enmohezca o fermente. Una vez seco y limpio de impurezas, se conserva protegido del calor y la humedad.
El polen, garantía de calidad de la miel
La miel pura siempre contiene algo de polen, cuyo análisis microscópico (el análisis polínico) permite determinar el origen geográfico y botánico. Este método permite comprobar que una miel llamada «de acacia» o «de lavanda» contiene efectivamente una cantidad suficiente de polen de esa flor para merecer su denominación, y ayuda a detectar posibles fraudes. El análisis polínico de la miel es, por tanto, una de las mejores garantías de su calidad para el consumidor.
Composición
Existe una enorme variedad de pólenes, cada uno con sus propias características según la flora libada. En términos generales, la composición media del polen es:
– Proteínas: 20 a 35 %, ricas en aminoácidos
– Glúcidos: alrededor del 35 %
– Lípidos: alrededor del 5 %
– Vitaminas: A, D, E, C y las del grupo B
– Sales minerales y oligoelementos (alrededor del 3 %): calcio, fósforo, azufre, manganeso, cobre, hierro, potasio, magnesio
El polen y la salud
Gracias a su riqueza en aminoácidos, vitaminas y minerales, el polen se presenta a veces como un complemento alimenticio interesante. Sin embargo, sus propiedades no han sido suficientemente confirmadas ni reguladas por las autoridades sanitarias como para justificar alegaciones de salud precisas, por lo que no lo presentamos como un tratamiento para ninguna afección. Como con cualquier producto de la colmena, se recomienda consultar a un médico antes de iniciar una cura de polen, en particular si se sigue otro tratamiento, durante el embarazo, o en el caso de niños pequeños.
Aclaremos también un punto a menudo mal entendido: el polen recolectado por las abejas en las flores (llamado entomófilo) no es la causa de las alergias estacionales. Son los pólenes transportados por el viento (gramíneas, abedul, ambrosía…), llamados anemófilos, los responsables de la fiebre del heno. Las personas alérgicas al polen o a los productos de la colmena deben, no obstante, mantener la prudencia y consultar a un médico antes de consumirlo.
No es un alimento milagroso, entonces, pero sí un producto realmente fascinante, reflejo del minucioso trabajo de las abejas.
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extractos de La salud a través de la miel de Jean-François Chèzeries (LDP)


